23 de abril de 2010

Bona diada de Sant Jordi!!


Per molts llibres i roses, princeses i cavallers, dracs i contes!

13 de abril de 2010

Simbiosis

-¡Pero Cristinette! La Niña Cactus no puede ser tan mala…
-Créeme, lo es. Incluso envía sus pinchos por correo. Y cuando abres la carta, ¡zas! Se te clavan en las yemas de los dedos
-Pero Cristinette, todos los cuentos tienen final feliz. No puedes dejar que R, el Niño Lágrima, muera desangrado, solo, en medio de la calle, con una espina clavada en el corazón…
-Pero es que… ¡la Niña Cactus es así!
-Ya.. pero esto es tu cuento, y en los cuentos uno hace que las cosas resulten como uno quiera…¡Quiero un final feliz! De anises y perdices
-Vale, vale, está bien. Vamos a intentarlo




Simbiosis



Y R, el Niño Lágrima, está tan contento, tan contento, de que la Niña Cactus haya querido ser su amiga… R, el Niño Lágrima, está tan contento tan contentp de que la Niña Cactus lo mire, le sonría, absorba parte de sus gotas que sin darse cuenta, se planta frente a ella y la sorprende con un abrazo.

¡Ai!

El Niño Lágrima siente los pinchos pinchudos de la Niña Cactus clavarse por todo su cuerpo.

¡Ai!

A la Niña Cactus se le clavan los pinchos bien hondos. Y le duele. Le escuece. Las heridas le rabian. Y la Niña Cactus no entiende, nada de nada. La Niña Cactus sólo piensa que el Niño Lágrima le ha mentido, que el Niño Lágrima ha querido hacerle daño. Y entonces la ira crece en ella. Se enfada y la rabia se apodera de ella. Y entonces ella abraza fuerte al Niño Lágrima y siente cómo nuevos miles de pinchos se clavan por su amigo. Siente cómo éste se retuerce del dolor. Y la Niña Cactus sonríe, satisfecha. Cruel.

Y un pincho se clava en el corazón del Niño Lágrima.

-Pero Niña Cactus.. yo sólo quería quererte.

Y la Niña Cactus no lo cree. La Niña Cactus, que siempre cree que es ella quien tiene la razón. Que siempre cree que son los otros los que mienten, los que hacen daño.

-Pero Niña Cactus, yo no quería hacerte daño. Sólo quería quererte. Y abrazarte.

Y la Niña Cactus mira a R, el Niño Lágrima, tumbado en el suelo, desangrándose. Y lo ve llorar. Y la Niña Cactus entonces se arrepiente. Se sienta a su lado.

-¡Pérdoname, Niño Lágrima! Pensé que me querías hacer daño, como los otros Niños

-Ai, Niña Cactus. Por favor, ayúdame a quitarme las espinas…

-Pero, ¿cómo? Si te toco, te pincharé más.

-Íntentalo, Niña Cactus, dice R, y la nubecita que lo persigue truena y relampaguea, aunque cada vez más flojito, como las tormentas que se van. Se van. Se.

Y la Niña Lágrima, despacito, estira de la espina cardíaca. Y la extrae, cubierta de sangre y trozos de carne. Y mira al Niño Lágrima, y también ella llora. Ahora comprende. Ahora entiende.

El Niño Lágrima se incorpora y, con cuidado, le acaricia un moflete. Ai, mi Niña Cactus. Si me dejas, te ayudo a quitarte alguna espina. Tengo experiencia.

Vale

Y a pesar de que R, el Niño Lágrima, se muerde las uñas, se sienta junto a ella, y con paciencia, tira de los pinchos, y comienza a arrancarlos, uno a uno. Y entonces le llueve un poquito encima, para limpiar la sangre. Y la Niña Cactus bebe ansiosa las lágrimas saladas de R.

Y juntos, los Niños Cactus y Lágrima, cogen cada pincho, y lo enrollan en un papel, y le ponen nombre. Y los van guardando en un tarro de cristal. Y la Niña Cactus va recuperando su piel de lagarto, suave. Y la nubecita del Niño Lágrima cada día está más chiquitita.

Y un día, la Niña Cactus y el Niño Lágrima descubren que tienen 30 botes de cristal llenos de pinchos con nombre. Y descubren que se pueden abrazar.

Y como pasa en las películas, y en los cuentos de final feliz como éste, se abrazan baja la lluvia. Y entonces salen los títulos de crédito. Y la música. Y esto se ha acabado. Colorín colorado.

F I N (2)

El abrazo




La Niña Cactus va caminando, calle abajo. Con su maletita, hacia el colegio. Le duelen las manos, llenas de espinas. Y como Pulgarcito, deja un reguero de sangre que marca su camino. En la esquina, se encuentra con el Niño Lágrima.

-Hola, Niña Cactus. Te acompaño a la escuela.
-No quiero
-Pero, ¿por qué, Niña Cactus?
-Porque seguro que me haces daño. Y me tocas, o me coges, o me abrazas y me clavas los pinchos.
-Que no, Niña Lágrima, que no. Que te prometo que no te haré sangrar.

Y allá que van, calle abajo, la Niña Cactus y R, el Niño Lágrima, con su nubecita enganchada a la muñeca.

-Y siempre te llueve así?
-Siempre.
-Vaya. ¿No te cansas de siempre ir mojado?
-A veces, sí. ¿Y tú, no estás harta de perder sangre a ese ritmo?
-Claro. Dice la Niña Cactus, tímida. Pero más de que me tengan miedo.

Y la Niña Cactus y R, el Niño Lágrima, se miran, cómplices. Y parece que se entienden. Y parece que en aquel preciso instante, ambos son los únicos que se comprenden. Y se curan un poquito sus heridas, mutuamente. R, el Niño Lágrima, le llueve un poco encima a la Niña Cactus. Y le aplaca el escozor de sus manos.

Y R, el Niño Lágrima, está tan contento, tan contento, de que la Niña Cactus haya querido ser su amiga… R, el Niño Lágrima, está tan contento tan contentp de que la Niña Cactus lo mire, le sonría, absorba parte de sus gotas que sin darse cuenta, se planta frente a ella y la sorprende con un abrazo.

¡Ai!

El Niño Lágrima siente los pinchos pinchudos de la Niña Cactus clavarse por todo su cuerpo.

¡Ai!

A la Niña Cactus se le clavan los pinchos bien hondos. Y le duele. Le escuece. Las heridas le rabian. Y la Niña Cactus no entiende, nada de nada. La Niña Cactus sólo piensa que el Niño Lágrima le ha mentido, que el Niño Lágrima ha querido hacerle daño. Y entonces la ira crece en ella. Se enfada y la rabia se apodera de ella. Y entonces ella abraza fuerte al Niño Lágrima y siente cómo nuevos miles de pinchos se clavan por su amigo. Siente cómo éste se retuerce del dolor. Y la Niña Cactus sonríe, satisfecha. Cruel.

Y un pincho se clava en el corazón del Niño Lágrima.

-Pero Niña Cactus.. yo sólo quería quererte.

Y la Niña Cactus no lo cree. La Niña Cactus, que siempre cree que es ella quien tiene la razón. Que siempre cree que son los otros los que mienten, los que hacen daño.

-Pero Niña Cactus, yo no quería hacerte daño. Sólo quería quererte. Y abrazarte.

-Niño Lágrima, sólo has pensado en ti. No en mí. Te está bien empleado.


Y la Niña Cactus, cruel, se da media vuelta y se marcha y deja al Niño Lágrima, con una espina clavada en el corazón, desangrándose. Sin mirar atrás.

F I N

El proceso

X esperaba que Y se acordara. Aunque fuera inútil.
X esperaba que Y la llamara, le mandara un mensaje al teléfono, un mail. Cualquier cosa. Cualquier cosa que significara que Y aún se acordaba.

X se levantó pronto aquel día, que había decidido regalarse. Y empezó a recibir felicitaciones. De amigos, de la familia, incluso de gente que no esperaba.

Tictactic tic

Quizás me mande un sms más tarde, como hizo otros años. Pero nada, las horas avanzaban y nada.

Tactactactactac tic

Quizás, un mail.
Pero nada. Hojeaba el correo cada poco y buscaba el mail de Y. Pero nada. Las horas avanzaban y nada.

Y el día se acabó.

Clon.

Quizás, quiso pensar X, Y se olvidó, se despistó y mañana me mande un mail con una felicitación retrasada. Pero X, en el fondo, sabía que no sería así. Que hubo un tiempo en que Y fue atento, y se acordaba de su cumpleaños. Y la sorprendía con ramos de flores. Y la sorprendía con algún viaje. Y la sorprendía con su felicitación. Y aquel era un día feliz también para Y y lo festejaban.

Y seguramente se acordó de que X cumplía años aquel día. Simplemente, pensó. Para qué.

X seguramente pensó eso mismo.

Quizás sea parte del proceso, se dijo.
Del proceso de olvidar.
De dejar atrás.
De cerrar.
De saber que no habrá más ramos de flores, ni viajes, ni felicitaciones, ni sorpresas de Y.
De saber que Y lo sabe y que quiere emprender ese camino, que X se empeña en no dejarlo avanzar.

Ya lo he entendido Y. Parte tranquilo. Es eso, el proceso.

5 de abril de 2010

La niña Cactus


La Niña Cactus llora que te llora, sola, en un rincón. Y sus lágrimas resbalan por su piel de lagarto, cubierta de pinchos puntiagudos.

La Niña Cactus no sabe cuándo comenzó su metamorfosis. Ya no recuerda cuándo notó el primer pincho. Un buen día, al levantarse e irse a poner el uniforme de la escuela, se dio cuenta de que le habían salido unos pequeños bultitos por los brazos. Y con curiosidad, la Niña Cactus pasó el dedo por encima, suavito.

-¡Ai!

AI

La Niña Cactus se pinchó en la yema, como la Bella Durmiente, pero sin poesía. Y sangró un poquito. Y se puso una tirita. Y esperó que pronto desaparecieran, la Niña Cactus, aquellos pinchos inusitados. Como pasa con los granos.

La Niña Cactus cada vez tiene más y más pinchos. La Niña Cactus lleva manga larga y bata en la escuela. Para que nadie los vea. Pero los otros niños ya no quieren jugar con ella. Ni al pilla pilla. Ni al escondite. Ni a la comba.

-¡Pincha, mamá! ¡La Niña Cactus pincha!

La Niña Cactus está muy triste, requete triste. Y llora, llora. La Niña Cactus, sola en un rincón de la clase. Con sus pinchos. En los brazos, en las manos, en la espalda, en la cara. Cubiertos por su bata azul. Algunas compañeras se le acercan. Y tratan de jugar con ella. Desde la distancia. A pelota. Pero la Niña Cactus la pincha con sus pinchos. Y la pelota se deshace. Se desinfla.

Fiuuuuuu. Fiuuuuuuuu
u
uuuuuuuu
uuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
u
u
u
u

La Niña Cactus llora.

-Dame un abrazo. Quiéreme, por favor. Estoy tan sola...

Y la abrazan, y los pinchos de la Niña Cactus se les clavan por el cuerpo. Sangran. Les hacen heridas. Y los niños huyen despavoridos. Y la Niña Cactus se enfada. Monta en cólera. Porque los pinchos con los que ha pinchado a los otros niños, se le clavan aún más profundo. Y le duelen tanto, tanto, tanto... Y ella también sangra. Y grita. Y no quiere a nadie cerca.



La Niña Cactus está muy triste, requete triste. Y llora, llora. La Niña Cactus, sola en un rincón de la clase. Con sus pinchos. En los brazos, en las manos, en la espalda, en la cara. Cubiertos por su bata azul. A dos metros de ella, resisten tres compañeros.

-NIña Cactus, Niña Cactus, déjanos ser tus amigos. Queremos ser tus amigos. Pero no nos pinches, por favor.

Y la Niña Cactus deja de llorar, un momento, los mira y sonríe. Y deja que sus compañeros se acerquen y le recubran el cuerpo de talco. Y le soplen un poquito, y le aplaquen su dolor.

La Niña Cactus va por la calle. Le han salido pinchos hasta en la cara. En el pelo. Ya casi no se puede peinar.

-Mira, mamá, por ahí va la Niña Cactus!
- Fea!
-Pinchuda!
-A que no me pinchas, Niña de los Pinchos?

Le gritan.

Y la Niña Cactus se mete las manos en los bolsillos, baja la cara y camina rápido. Mientras, flojito, se repite: No me importa, no me importa, no me importa. Y la rabia y la rabia y la rabia crece en su interior. Y la Niña Cactus nota como le salen nuevos pinchos en la nuca. ¡Ojalá pudiera dispararlos! Como si fueran globos de agua, se lamenta.

-¿Estás triste, Niña Cactus? No estés triste. Nosotros te queremos. Le dicen sus compañeritos.
- ¿Ah sí? ¿Aún me queréis?
-Claro
-Pues dadme un abrazo. Y la Niña Cactus llora que te llora, con una media sonrisa.
-Pero Niña Cactus... nos vas a pinchar...
-No, no, os prometo que no os pincharé.

Y la Niña Cactus clava bien hondo sus pinchos en la carne blanda de sus compañeritos y se restriega. Y les deja algún pincho dentro. Y sus compañeritos no entienden nada.

Y la Niña cactus se ríe. Rabiosa.
Y sus compañeritos huyen. Y sus compañeritos no entienden nada de nada. Y uno de sus compañeritos yace en el suelo, inerte. La Niña Cactus le ha clavado un pincho en el corazón.



La Niña Cactus está muy triste, requete triste. La Niña Cactus, sola en un rincón de la clase. Con sus pinchos. En los brazos, en las manos, en la espalda, en la cara. Cubiertos por su bata azul. Ensangrentada. La Niña Cactus que no podía querer ni que la quisieran.

La profesora se acerca a la Niña Cactus.

-Niña Cactus, ¿qué te pasa? ¿Por qué no juegas en el patio con los otros niños?
-No quieren jugar conmigo. Les duelo

Y entonces a la profesora se le ocurre una idea.

Y la Niña Cactus sale al patio con una venda blanca. Como si fuera una momia. Sus pinchos tapados.

,
,,
,,,

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Ai.. pero cómo le duelen aquellas vendas! Sus pinchos, aprisionados. Pujando por salir. Sus compañeritos la miran, desconfiados.

-Podéis acercaros, ya no pincho. De verdad.

Y se acercan. Y alargan un brazo, un dedo, y la tocan con miedo.

-¡Es verdad! ¡La Niña Cactus ya no pincha! Ahora puedes jugar de nuevo con nosotros

Y la Niña Cactus llora por dentro. Le duele, le duele. A ella. Y juega a pillar. Y juega a saltar a la comba. Ya casi no se acuerda. Hace tanto que dejó de jugar. Pero a la Niña Cactus le duele, le duele. Y nota que en la palma de la mano, un pincho aparece entre las vendas. En la rodilla. En la barriga. En el cuello. Y a la Niña Cactus la invade la rabia. No quiere que sus compañeritos la descubran y la vuelvan a dejar sola. ¿Pero qué puede hacer? Trata de recortarse los pinchos con unas tijeras.

Ai, ai ai

¡Cómo duele, cómo escuece Niña Cactus!

Ai, ai, ai

¡Ayudadme, por favor! Les grita a sus compañeritos, que se acercan a ver qué le ocurre. Y cuando están cerca, la Niña Cactus les lanza pinchos. Y se les clavan en los brazos, en el pecho, en los ojos.

La Niña Cactus está muy triste, requete triste. Y rabiosa, requeterabiosa.

La Niña Cactus, sola, sola, sola, en un rincón de la clase. Con sus pinchos. En los brazos, en las manos, en la espalda, en la cara. Cubiertos por su bata azul. Ensangrentada. Ya casi no puede moverse. Tiene los brazos rígidos, hacia arriba. Y apenas puede girar el cuello.

Ella, la Niña Cactus que no podía querer ni que la quisieran. Que no quería querer ni que la quisieran.

23 de marzo de 2010

Local Natives

Hace nada un buen amigo, S, el del corazón infinito, me descubría a este grupillo, Local natives. Me conoce bien, al menos musicalmente hablando ;), y sabía que estos chicos me iban a encantar. La canción me parece genial. Como el vídeo. Qué pasada. Y consigue levantar ánimos :D Os aconsejo subir el volumen de vuestros altavoces y cantar.

Hace tiempo que no escribo, al menos con el teclado, porque en mi cabeza los textos se agolpan. Tengo a medias un cuento sobre una niña cactus, plagada de heridas; otro sobre S, el del corazón infinito, que va repartiendo rodajas de corazón por ahí hasta que se queda sin. Y otras cosas. Me pongo, me pongo a ello..

Feliz martes!!

Airplanes by Local Natives from Infectious Music on Vimeo.

19 de febrero de 2010

Somebody to love!!

Una canción genial para empezar el finde!!!