19 de febrero de 2010

11 de febrero de 2010

Res no fa que jo t'estimi




Dídac Rocher, un músic poetitzat// un poeta musicat

Cosas que consiguen dejarla a una hecha polvo



Nou de la Rambla. A la salida de un colmado regentado por pakistanís. Dos chicos y una chica de unos 16 o 17 años. Gorras de rapero. Pantalones bajos, llamados 'cagados', móvil a toda pastilla con música estridente. Uno de ellos lleva un carricoche de bebé. En él, un niño de unos 7 meses, que llora, desconsolado.

-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡QUE TE CALLES, OSTIA!!!!!!!!!! Le chilla a todo lo que le dan sus pulmones al niño la chica, la madre del bebé, que cada vez llora más alto.

-OSTIA PUTA, QUE TE CALLES, COÑO, CÁLLATE, CÁLLATE, mientras lo zarandea, y el bebé, claro, llora más fuerte.

Detrás, los otros dos semiadolescentes siguen hablando y escuchando su música por el móvil.

¿Por qué nos pasamos la vida haciendo exámenes, demostrando lo que sabemos, lo que hemos estudiado, lo preparados que estamos, y, sin embargo, para esto, que es lo más difícil del mundo, que es ser padres, no te piden nada?

Después de ver esa escena, me he metido en el gimnasio. He puesto a Rammstein a toda pastilla. He corrido con furia. Pero sólo oía al bebé llorando.

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4 de febrero de 2010

Cosas del querer




"Que yo te quiero a ti hasta el cielo y las galaxias"



Frase que la mamá de Miss Caos le decía a Miss Caos de chica.

Desencuentros en una estación de metro

Al llegar a casa esta noche, un buen amigo me había dejado un mensaje en el buzón: una historia de desencuentros en una estación de metro. Simplemente genial. No sólo por ver a Coque Malla y a Ariadna Gil con unos cuantos añitos menos y en plena estética setentera. Sino porque... ¿a quién no le ha pasado nunca algo similar a lo de esta pareja?

Sólo dura 7 minutos y vale la pena...




Gracias Burdon, por el vídeo.

Lost in translation



En un metro, en una gran ciudad. X viaja sola, hacia alguna parte. Y viaja solo, hacia ninguna parte

En el andén, X mira hacia un lado, distraída. Ve a Y, cargado de camisas. Con su gorrito de lana gris y sus ojos azules enormes. LOs labios finos y muy rojos, que acaban optimistas, y parece que sonrían siempre. Pero qué lindo, piensa. Y su imaginación comienza a vagar por todas las películas que ha visto sobre encuentros de dos desconocidos en el metro. Medio ríe, embobada, pensando e imaginando que como My Blueberry nights, ahora Y se acercará y le hablará. Y mientras anda inventando novelas rosa, mira divertida cómo el aire que se cuela por el túnel del metro desordena y caotiza las camisas recién planchadas, aún en la bolsa transparente de la tintorería, de Y.

Llega el metro. X piensa, ojalá entres, ojalá te pongas cerca mío, ojalá me hables.

Y llega el metro, y X entra, y Y entra, y Y se pone cerca de X. Pero no le habla. X lo mira, de reojo. Y la mira, de reojo.

Qué lindo pelo tienes, le dice Y a X, en una lengua extraña, de repente, acercando la cara para olerlo, despacito, algo miedoso. Tienes un pelo rizado precioso. Y le pide permiso con los ojos para tocarlo. Y enrosca un dedo en un mechón, y lo desliza, despacio.

X se sonroja. Gracias. A veces, cuando llueve, se vuelve afro, bromea.

Y, todo serio, ¿Y cuándo nieva?

A X le encanta esa respuesta. También. Y ambos ríen, sonríen. Y se miran. Y comienzan a hablar. Voy al centro, ¿y tú? Al museo de ciencias naturales. Ah... eres turista.. Sí, claro. ¿No pensarías que era de aquí, no? ¡Quién sabe? Nadie es de aquí, y todos son de aquí. Claro

X e Y hablan.
X e Y se ríen.

X se muere de ganas de que el vagón se quede sin electricidad, se pare. Y queden atrapados horas allí dentro. Que siga la película.

El vagón llega a su destino. ¿Quieres tomar un café conmigo?, ensaya X por dentro una y otra vez, sin dejar de mirar los ojos grandes y azulones de Y. ¿Te apetece tomar un café conmigo? Oye, ¿y si tomamos un café?, piensa cada vez más alto. ¿Lo oirá Y?

Las puertas se abren. La gente sale y entra a borbotones. X y Y. Se detienen, se miran. X avanza. Y habla. ¿Qué ha dicho? Yo tengo que ir para allí... Y por dentro: te invito a un café, con el corazón palpitante

Ha sido un placer conocerte, X, la chica del pelo lindo que se vuelve afro.

Y Y le da la mano lento. Y la mira triste. X piensa que las piernas le han desaparecido debajo de la cadera. Ya no están allí, para sostenerla. Y siente que en cualquier momento caerá y será pisoteada por todos aquellos X e Y que corren hacia el trabajo.

Y se desvanece en la multitud

X comienza a andar poco a poco. Entonces, la frase de Y vuelve a su cabeza y X despacio, se gira y comienza a correr hacia el tumulto. Busca a Y desesperada, no lo ve. Quizás ha salido ya a la calle. Corre escaleras arriba. Nada. Y se ha esfumado

X se quita los guantes, la bufanda y el gorro, lentamente. Se sienta.

'X, no te vayas todavía. Tómate un café conmigo'

¿Cómo puedo no haberte entendido?